sábado, 2 de noviembre de 2013

Casi me rindo del gimnasio

Casi me rindo del gimnasio, fue un mes terrible en cuando a resultados.

Venía con grandes avances a base de muchísimo esfuerzo sin embargo el cuerpo todo lo cobra, hasta esos pequeñitos errores que uno ni se da cuenta que comete. El lunes me medí y de pie sobre la bascula el baldazo de agua fría. Inmediatamente se vino la desmotivación que duró toda la semana. Adopté involuntariamente (creo) una conducta un poco autodestructiva de no ir más a entrenar y descuidar mi alimentación.

Hoy fui al gimnasio, sin ganas de ir, más por salir de la casa. Curiosamente hoy había un campeonato de Powerlifting, para el que se había estado preparando durísimo la gente fuerte del gym.
Estaba dos amigos que entrenan a la misma hora que yo: un padre y su hijo. Pude ver a padre motivar a su hijo antes de la competencia, con esos ojos de orgullo con los que todo hijo desea que lo vea su padre.
Pude ver a Manolo (varias veces campeón centroamericano) llorar de la felicidad luego de lograr un record nacional para el que llevaba meses (o años) entrenando. Llorar por haber logrado lo que un tanto anhela, llorar por ver el fruto de tanto esfuerzo esfuerzo y sacrificio, definitivamente es de los mejores sentimientos del mundo.

Recordé lo que me enseñó mi papá, eso de que lo más importante de una persona está en su interior y que a puros huevos se puede lograr cualquier cosa.

No me rindo, voy con más fuerza. La meta que me había puesto para diciembre parece ya inalcanzable, pero voy a seguirle poniendo huevos como me enseñó mi papá y llegaré cuando tenga que llegar. TODO SE PUEDE LOGRAR.

 

¿Cuál-es-tu-excusa

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