sábado, 21 de septiembre de 2013

Abril y La Muerte.

Abril, la insegura. Muy bella pero muy ignorante.

La primera noche que lograba dormir bien en mucho tiempo, irónicamente. Salió con su bolso de la suerte, rezando en el camino, a pesar de que no era muy creyente; eso le daba seguridad.

Sabía que la matarían, pero no quería pensar en eso, prefería ver los autos viejos por la ventana del bus.

Había llegado su parada; no tenía alternativa, debía bajar. El hueco en su estómago y la debilidad casi no le permiten salir.

Los hombres que pasaban a su lado se detenían a admirarla; ella avanzaba decidida. Hasta donde recordaba, el lugar ya estaba cerca.

Abrazó fuerte su bolso y corrió el último tramo hasta llegar.

Tocó la puerta cuatro veces como le habían indicado. La puerta se abrió igual que la última vez. Ella dio cinco pasos al frente, cerró los ojos y trajo a su mente el recuerdo más feliz que tenía: aquella noche romántica con Luciano en el corredor de su casa.

Esperó unos segundos y nada sucedió: era su día de suerte, viviría muchos años más.

 

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